UN CAFÉ CON

Ignacio Machetti Bermejo, presidente de Agroseguro.

“Hemos hecho un gran esfuerzo para planificar las peritaciones de la forma más eficiente y anticipar el pago de las indemnizaciones” Ignacio Machetti Bermejopresidente es el presidente de la Agrupación Española de Entidades Aseguradoras de los Seguros Agrarios Combinados, S.A. (Agroseguro), que se encarga de la gestión de los seguros agrarios en nombre de las entidades aseguradoras que forman parte del pool de coaseguro, formado por 21 compañías.

El sistema español de seguros agrarios combinados cumple 40 años este mes de diciembre, igual que la Constitución española. Tras este tiempo, ¿puede darse por consolidado el actual esquema asegurador del sector agrario en España? En efecto, la ley que regula los seguros agrarios combinados cumple ahora 40 años, y el sistema ya lleva desarrollándose uno menos, es decir, 39. En la actualidad, abarca la práctica totalidad de los riesgos climáticos y epizoóticos que afectan a las explotaciones agrícolas, pecuarias y forestales, y se ha convertido, desde hace ya mucho tiempo, en referencia internacional, únicamente comparable a los implantados en EE. UU. y en Canadá, obviamente de mayor volumen. Como sistema de cooperación públicoprivada para la garantía de agricultores y ganaderos, y como instrumento de política agraria, está más que consolidado Otra cosa es que el sector agropecuario es muy dinámico, y siempre surgen nuevas necesidades o cambios en las coberturas existentes. Todas las líneas de seguro se someten a revisión de forma continua y hay adaptaciones cada año. En la última década, en tres años —2012, 2017 y 2018— se ha producido un récord de siniestralidad en el campo y, por tanto, de indemnizaciones a abonar a los asegurados. ¿Preocupa esta situación? ¿Es la consecuencia de un cambio climático y sus efectos sobre la agricultura que está aquí para quedarse? Es completamente cierto el hecho de que, tras cuatro décadas, los peores años están siendo los últimos, y que los expertos llevan mucho tiempo constatando un cambio en los patrones de comportamiento climático y avisando de que la consecuencia es una proliferación de fenómenos extremos que ya estamos observando, como olas de calor, sequías muy severas, tormentas excepcionalmente destructivas y frecuentes, inundaciones y otros fenómenos meteorológicos de gran magnitud. Y esto, por supuesto, que es preocupante. Lógicamente, esta evolución tiene una repercusión directa en las cosechas, y los seguros agrarios son el instrumento clave para amortiguar las consecuencias económicas derivadas de los daños. La adaptación del sistema de seguros a las nuevas circunstancias es básica, y además es necesaria para garantizar la sostenibilidad de esta herramienta. La siniestralidad del seguro agrario superaba los 692 M€ en octubre del 2018, encadenando dos años consecutivos muy excepcionales

¿Obligará esta situación a subir las primas de las pólizas o se tendrán que buscar otras fórmulas de aseguramiento que hagan tomar conciencia al agricultor o ganadero de la necesidad de cubrirse ante el aumento constatado de los riesgos en estos últimos años? Como antes indicaba, el proceso de perfeccionamiento técnico de las diferentes líneas de seguro es continuo, y cada año se trabaja en la adaptación de su diseño a las condiciones reales del cultivo, a las características del riesgo, al destino de las producciones, al tamaño y estructura de la explotación, a las técnicas de prevención del riesgo y, como no puede ser de otra manera, también a los resultados actuariales del aseguramiento. En este proceso, se mantiene una estrecha colaboración con las diferentes comisiones territoriales de seguros agrarios y con las organizaciones profesionales y cooperativas agrarias. Ni un año de malos resultados ni tampoco dos seguidos implican, necesariamente, un cambio brusco de tarifas, pero naturalmente los resultados de cada año se añaden a las series históricas y su evolución condiciona las tasas. Es imprescindible que el seguro se ajuste a las circunstancias, pero además del precio hay otras variables en su diseño que deben analizarse de forma conjunta. La mejor opción no siempre, y no solo, está en ajustar las primas. ¿Es solvente el sistema español de seguros agrarios ante estos altos índices de siniestralidad? En estos casos, ¿cómo de importante es el papel que juega el Consorcio de Compensación de Seguros? Esta cuestión es particularmente trascendente por la “cualidad” del negocio: se trata de riesgos de naturaleza y potencial catastróficos, en los que los índices de siniestralidad son no solo elevados, sino además muy volátiles, muy variables, y la ratio siniestralidad/primas oscila mucho sobre su valor de equilibrio (el 100 %). Por eso, la solvencia del sistema como tal pasa por la aplicación de tres pilares fundamentales: la cobertura de los riesgos en coaseguro, a través de un pool de aseguradoras (es inviable que sea asumida de forma individual, especialmente considerando que las entidades no pueden seleccionar los riesgos, sino que deben aceptarlos todos); la constitución de reservas (llamadas de estabilización), destinando excedentes de los años buenos a la compensación de pérdidas en los de resultados negativos, y el reaseguro, que, dada la excepcionalidad de los riesgos, necesita ser potente y estable en el tiempo, que es lo que nos garantiza en España un reasegurador público: el Consorcio de Compensación de Seguros, que cobra especial importancia en años de tan elevada siniestralidad como el 2017 y el 2018. Hasta ahora la suscripción de las pólizas sigue siendo voluntaria. ¿Llegará el día en que esto cambie y que, por ejemplo, para poder cobrar las ayudas de la PAC o para poder percibir otro tipo de ayudas públicas sea obligatorio asegurarse mínimamente? asegurable no es indemnizable”, lo que quiere decir que solo se concederían ayudas por desastres no contemplados en el sistema de seguros. Pasar de ahí a exigir el seguro como requisito para otro tipo de ayudas podría ser algo más complicado, porque en algunos casos el seguro tiene un coste elevado, incluso con la alta subvención a la prima. Claro que eso incentivaría el aseguramiento, y con frecuencia se pone sobre la mesa, pero en todo caso es algo que pertenece a la esfera de las competencias de quien concede la ayuda, y yo prefiero no entrar ni siquiera a recomendarlo.

¿Cree que el agricultor profesional, el que tiene la actividad agraria como base de su negocio, considera el seguro agrario como un insumo, un coste de producción más que debe afrontar en el conjunto de sus costes de explotación? Sí, y cada vez más. Lo reflejan las encuestas, pero además lo percibimos claramente. Por supuesto, hay diferencias entre sectores productivos y entre regiones, pero es común a todos ellos que la agricultura y la ganadería son actividades que se desarrollan al aire libre y que la incidencia de los riesgos climáticos es muy elevada. Y eso es tanto más importante cuanto más profesionalmente se desarrolla la actividad. Las organizaciones agrarias han destacado la eficacia y agilidad en la peritación y en el pronto pago de las indemnizaciones por siniestralidad en estos últimos años.

¿Contribuye el papel de la tecnología a favorecer este cumplimiento con el asegurado? Sin duda alguna. Aunque hay más factores, es evidente que los avances tecnológicos contribuyen en gran manera a que se puedan agilizar los procesos, tanto en el caso de las peritaciones y pagos de siniestros como en otros muchos aspectos de la gestión de los seguros agrarios. Pero también quiero resaltar que en estos dos últimos años de elevada siniestralidad, Agroseguro, que es muy consciente de las dificultades que estas situaciones causan a los agricultores y ganaderos, ha hecho un gran esfuerzo para planificar las peritaciones de la forma más eficiente posible y para anticipar al máximo el pago de las indemnizaciones cuando las circunstancias lo han permitido. También ha sido de vital importancia la alta profesionalidad del conjunto de los peritos y su disposición a la movilidad geográfica cuando ha sido necesaria para poder terminar los trabajos de tasación en el menor tiempo posible.

¿Cómo valora el reciente acuerdo para mejorar el fraccionamiento del pago de las primas de las pólizas del seguro agrario? Todo aquello que vaya encaminado a facilitar el acceso de agricultores y ganaderos al seguro agrario es muy positivo. En este caso, además, la mejora es sustancial, ya que el límite para poder fraccionar ha pasado de 1.000 euros a 300.  Frutales, cítricos, hortalizas, fresón y frutos rojos, plátanos, caqui, uva de vino, cereales y uva de mesa han sido los cultivos más afectados por siniestralidad en este año El Plan de seguros agrarios para el 2019, que ya es el 40º, dispone de la misma partida para subvenciones a las primas de los agricultores y ganaderos que en el 2018.

¿Es cierto que se necesitan más fondos para animar a los agricultores a que suscriban los seguros agrarios y nos contentamos con ampliaciones de crédito puntuales para afrontar el aumento de la contratación, como las de estos últimos años? Las primeras dificultades presupuestarias aparecieron en el Plan 2013, y el Ministerio no ha dejado de hacer esfuerzos tanto para recuperar las consignaciones presupuestarias fijas como para ampliar el crédito inicial. Esto último ha permitido afrontar crecimientos de la contratación superiores a los previstos, pero es indudable que lo que permitiría volver a elevar los porcentajes de subvención sería incrementar la dotación inicial, que, no obstante, ya ha recuperado una parte de la pérdida inicial Lo que está claro es que los riesgos son elevados y su coste es alto. Por eso, el apoyo de las administraciones públicas es imprescindible, y la contratación es muy sensible al porcentaje de la ayuda. Yo diría que todos los gobiernos, de cualquier color, han priorizado esta política, lo que es lógico, porque está demostrado que es mucho más efectiva y eficiente que la de ayudas ex post. Pero aún hay mucho margen para mejorar la implantación, y naturalmente porcentajes de subvención mayores ayudarían.