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Champiñones Cumar, el éxito que acompaña a una buena idea

Un cultivo ecológico de por sí El champiñón es un producto natural compuesto en su mayor parte por agua (80 %), que por ser de cultivo muy rápido (unas 3 semanas) no llega a verse afectado por enfermedades

Más del 50 % del champiñón que se consume en España procede de La Manchuela, comarca ubicada al noreste de la provincia de Albacete y limítrofe con las provincias de Cuenca y Valencia, donde se asienta el pueblo de Villamaela, sin duda el corazón de la producción de este hongo comestible, como atestigua la presencia en la localidad de la cooperativa agroalimentaria Champinter, primera entidad asociativa prioritaria en Castilla-La Mancha del sector de frutas y hortalizas. Villamaela también acoge desde 1991 la sede de Champiñones Cumar, año en que la familia Cuenca Martínez, entonces socios fundadores de Champinter, crea la empresa. “Yo era joven y animé a mi padre a que nos lanzásemos a vender directamente nuestra producción de hongos. Empezamos comercializándolos sobre todo en Cataluña y, poco a poco, según aumentaba mi conocimiento del mercado, empezamos a crecer recogiendo la producción de otros agricultores y ampliando instalaciones”, nos comenta Juventino Cuenca, director comercial de Cumar y hoy propietario único de la compañía.

En 1994, Cumar da un gran salto cuantitativo al innovar lanzando al mercado lo que se considera un hito en la producción de este sector: el champiñón cortado en láminas. “Fue un éxito total. Pasamos de ser unos productores en fresco más a que todas las grandes superficies comerciales nos demandasen esta nueva presentación y, aunque al cabo de los años el resto de empresas del sector se apuntaron al laminado, Champiñones Cumar ya estaba totalmente introducido en la gran distribución”, subraya Juventino.

Actualmente Cumar comercializa 12 millones de kilogramos de hongos al año —el 80 %, champiñón, en sus diferentes formatos de presentación y bajo cuatro marcas: Cumar, MarCufresco, Sublit y Angelita—; trabaja con 150 agricultores que les suministran en exclusiva la totalidad de los hongos que recogen, algunos de ellos localizados en La Rioja, la otra gran zona productora, y cuenta con la cooperativa Champinter como proveedor.

Asimismo, da trabajo directo a 62 personas, una gran mayoría, emigrantes. En el 2014 la empresa pasa a ser una SLU, su negocio se diversifica con inversiones en energías renovables, fotovoltaica y aerogeneradores, y en su punto de mira se encuentra ahora importar espárragos y mangos de Perú. Tampoco descarta ir más allá de la mano de la cuarta y quinta gama, en la que Cumar intentó innovar hace quince años, “cuando todavía el mercado no estaba preparado y tuvimos que dar marcha atrás. Aunque hay que ir con los nuevos tiempos.”

“Distribuimos también todo tipo de hongos silvestres recolectados en temporada (octubre-diciembre) e importamos cualquier seta que haya en el mundo y que demanden nuestros clientes de los mercados, hostelería, restauración y fruterías”, desvela Juventino Las exportaciones de Cumar se limitan a Portugal y al incipiente mercado marroquí, porque el champiñón fresco es un producto de corta vida “y está la competencia de Polonia, el principal productor europeo, muy competitivo por su situación geográfica y precio”.

Con todo, la facturación de la empresa ha pasado del millón de euros de sus inicios a cerrar el 2017 con 19 M€ (solo en ventas de champiñón fresco), y este año esperan superar los 20-21 M€. “Cultívelas usted mismo” Con el compost que utiliza industrialmente, Cumar elabora y comercializa unos kits de autocultivo de champiñones y setas pensados para su introducción en los hogares.

Fue la primera empresa que lanzó hace un año este original producto al mercado y actualmente vende dos tipos de sistemas de kits de ciclos muy rápidos (uno con tierra de cobertura por encima del compost y otro sin ella) bajo su marca y la de Setas Mely —otra empresa con la que mantiene intercambios comerciales— para el autocultivo de champiñones blancos y Portobello, setas de cardo, de chopo y setas shiitake. Estos kits —algunos pueden encontrarse bajo sello de producción ecológica— aguantan varias semanas según que el cultivo sea de champiñón (3 floraciones) o de setas (de 1 a 2 floraciones).

Al final de su ciclo productivo, el compost se puede reciclar para utilizar en el jardín o en las plantas de casa. Sin ser actualmente su comercialización un gran negocio, como reconoce Juventino Cuenca, esta innovación tiene un componente altamente didáctico, pues los más pequeños de la casa, y los que no lo son tanto también, podrán asombrarse día a día viendo cómo crecen estos hongos tan ricos y sanos que posteriormente llegarán a sus platos.

Los kits de autocultivo se pueden comprar en viveros y a través de internet, pero la intención de los responsables de la compañía albaceteña es que lleguen a los lineales de la gran distribución para que su uso se popularice. Mientras tanto, Cumar los promociona en sus puntos de venta en Mercamadrid, Mercabarna, Lisboa o Tenerife.