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1 de junio, 2021

Emisiones GEI y “huella de carbono” en el sector agroalimentario español

Es necesario investigar mucho más para caracterizar la amplia diversidad de sistemas productivos existentes

I+D+i

Hay una serie de evidencias que conviene tener en claro. Como, por ejemplo, el hecho de que los seres humanos y los animales, e incluso otros seres vivos como las plantas, tengamos que alimentarnos todos los días, lleva a una actividad, como es la de producir alimentos o conseguir nutrientes, a consumir inevitablemente energía y, por ende, a emitir determinados gases, algunos de los cuales tienen un efecto perjudicial para la atmósfera.

Lo que denominamos “huella de carbono”, es la “pisada” que dejamos al realizar una actividad necesaria e ineludible para continuar viviendo en el planeta, expresando en términos de dióxido de carbono (CO2) equivalentes la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) que emitimos en la elaboración de un producto o en la realización de un servicio.

Recientemente, la Real Academia de Ingeniería presentó un profuso e interesante estudio titulado “Emisiones de gases de efecto invernadero en el sistema agroalimentario y huella de carbono de la alimentación en  España”, elaborado por un equipo multidisciplinar de investigación, cuyo objetivo es precisamente contribuir a cuantificar las emisiones, pero también las absorciones de GEI de todo el sistema agroalimentario español, en cada una de sus etapas y en el conjunto del mismo, para identificar mejor las fuentes de emisiones contaminantes y su evolución en el tiempo.

Los resultados de este trabajo dejan constancia de que la “huella” total de carbono de la alimentación en España, desde la producción de insumos a la gestión de residuos alimentarios, se ha multiplicado por 3,9 en términos globales y por 2,5 en términos “per cápita” entre 1960 y 2010, pasando de 1,5 a 3,6 toneladas de CO2 equivalente “per cápita” al año.

En cuanto a la producción ganadera, el estudio constata que sus emisiones GEI se incrementaron en un orden de magnitud respecto a los niveles de principios del siglo XX, pasando de 8 a 75 millones de toneladas anuales de CO2 eq., y de un balance dominado por el metano entérico a otro, en el que, además de estas emisiones, tiene gran peso el manejo del estiércol (sobre todo purines) y, especialmente, la producción de piensos, tanto locales, como importados, estos últimos asociados a importantes emisiones por deforestación.

Con todo, se reconoce que es necesario investigar mucho más para caracterizar la amplia diversidad de sistemas productivos existentes en España y su evolución más reciente, así como para mejorar las estimaciones en las distintas fases de la cadena productiva. En concreto, se ve necesario profundizar en la estimación de las emisiones GEI de la ganadería, por su relevancia en la “huella” final de la alimentación y por la alta incertidumbre asociada a algunos de los componentes de su balance de emisiones, incluyendo el secuestro de carbono en sistemas de pastoreo y las emisiones asociadas a los productos importados.